Miguel Fujita analiza el retorno de Keiko Fujimori a Palacio de Gobierno

La voz de los peruanos en el Exterior (PEX) El Perú también se piensa desde fuera de sus fronteras. Millones de compatriotas que residen en distintos países mantienen un vínculo…

La voz de los peruanos en el Exterior (PEX)
El Perú también se piensa desde fuera de sus fronteras. Millones de compatriotas que residen en distintos países mantienen un vínculo permanente con la realidad nacional y siguen participando del debate público con opiniones, análisis y propuestas. La Voz de los Peruanos en el Exterior (PEX) es un espacio dedicado a difundir esas reflexiones, convencidos de que la distancia geográfica no disminuye el compromiso con el país.

En esta ocasión presentamos la opinión de Miguel Fujita, peruano residente en Japón, quien comparte una reflexión sobre el nuevo escenario político nacional tras las recientes elecciones presidenciales.


¡Ganó! Ahora toca gobernar

Buenas tardes.

Pues bien, finalmente se le hizo la faena a Keiko Fujimori. Después de insistir más que un vendedor de seguros un domingo por la mañana, llegó por fin a Palacio de Gobierno. El fujimorismo está de regreso. Cambia el empaque, se actualiza el discurso, aparecen nuevos rostros, pero la marca sigue siendo la misma.

Nunca he ocultado que no simpatizo con ella. Tampoco con un partido que, durante años, pareció entender la política como un deporte cuyo objetivo principal era poner zancadillas, jalar la alfombra y hacer tropezar al presidente de turno. Mientras los intereses nacionales aguardaban en la sala de espera, los intereses partidarios solían recibir atención preferente.

Pero las elecciones terminaron y las cuentas son sencillas: ganó. Punto.

En democracia, esa debería ser la primera regla de convivencia: aceptar el veredicto de las urnas. No corresponde desconocer resultados, fabricar fraudes imaginarios ni convertir el resentimiento en estrategia política. Resulta inevitable notar la ironía. Esa misma receta fue utilizada con entusiasmo por quien hoy ocupa la Presidencia de la República. La política, como la vida, tiene la curiosa costumbre de devolvernos nuestros propios actos.

Nuestra democracia dista mucho de ser perfecta. Es frágil, incómoda y, por momentos, desesperante. Sin embargo, sigue siendo infinitamente mejor que elegir gobernantes por sorteo o mediante una cadena viral de WhatsApp. En democracia unas veces se gana y otras se pierde; lo importante es que todos acepten las reglas del juego, incluso cuando el resultado no les favorece.

No pienso formar parte del coro de quienes desean que el nuevo gobierno fracase solo para decir después: «¿Ven? Yo tenía razón». Ese patriotismo de utilería nunca me ha convencido. Cuando un gobierno fracasa, el costo no lo paga únicamente quien ocupa el despacho presidencial. Lo pagan las familias, los trabajadores, los emprendedores y, en definitiva, millones de peruanos.

La suerte política de Keiko Fujimori, en lo personal, no me desvela. Si consolida su liderazgo o termina sepultándolo definitivamente, será una responsabilidad exclusivamente suya. Lo verdaderamente importante es que, por una vez, el poder deje de utilizar al Perú como escenario para cobrar venganzas, devolver favores o alimentar egos personales.

Ojalá que esta vez el gobierno recuerde que administrar un país es mucho más que ganar una elección. Gobernar significa servir a todos, incluso a quienes no votaron por uno.

Porque al final, cuando termina la campaña y se apagan los discursos, el Perú sigue ahí, esperando que alguien, por fin, gobierne pensando primero en el país y después en la política.

Así, o algo muy parecido.

Miguel Fujita
Miguel Fujita
Batiburrillo – Japón

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