» El estreno de una película sobre Flor Pucarina vuelve a poner bajo los reflectores una historia que el Perú conoce, pero que todavía necesita ser valorada con mayor profundidad: la de sus grandes voces andinas.
La llamada Faraona del Cantar Huanca fue mucho más que una intérprete de huaynos. Su voz expresó migración, trabajo, desengaño, orgullo, identidad y la vida cotidiana de miles de familias provincianas.
Recordarla permite mirar también a otras figuras que hicieron del canto una herramienta de memoria colectiva y reivindicación social, demostrando que la cultura popular puede transformar la manera de entender un país.
Flor Pucarina, una voz que convirtió la experiencia popular en canción
Nacida en Pucará, Junín, Leonor Chávez Rojas llegó siendo niña a Lima y conoció de cerca las dificultades de los migrantes provincianos. Esa experiencia terminó alimentando su particular manera de cantar.
Su trayectoria artística tomó fuerza desde los escenarios populares y luego llegó a la industria discográfica. Allí construyó una personalidad propia, reconocible por su intensidad vocal, presencia escénica y enorme capacidad interpretativa.
Canciones como Ayrampito, Falsía, Sola, siempre sola y Mi último canto permanecen asociadas a sentimientos que cualquier generación puede comprender: amor, pérdida, nostalgia, orgullo y esperanza.
El huayno fue también la banda sonora de una gran transformación social
Durante buena parte del siglo XX, Lima recibió enormes oleadas de migrantes provenientes de los Andes. Con ellos llegaron nuevas costumbres, comidas, fiestas, formas de hablar y, por supuesto, nuevas maneras de hacer música.
El huayno dejó entonces de estar limitado a determinadas comunidades y comenzó a ocupar espacios urbanos, radios, coliseos, escenarios y reuniones familiares. La música acompañó así el nacimiento de una nueva sociedad peruana.
Las canciones hablaban de aquello que muchas veces no aparecía en los discursos oficiales: pobreza, separación familiar, discriminación, trabajo, viajes, barrios populares y el deseo de progresar sin abandonar las raíces.
Las voces huancas construyeron identidad desde los escenarios populares
Entre las grandes figuras vinculadas al universo musical del centro peruano aparece Picaflor de los Andes, cuya voz y repertorio ayudaron a convertir el huayno, la muliza y el huaylarsh en expresiones reconocidas mucho más allá de su territorio.
Su propuesta compartió con la tradición de Flor Pucarina una característica fundamental: hablarle directamente al pueblo. No necesitaba grandes explicaciones académicas porque sus canciones contaban historias que los oyentes reconocían como propias.
Más adelante, Eusebio “Chato” Grados llevó esa continuidad hacia nuevas generaciones mediante el huaylarsh y canciones que alcanzaron enorme popularidad. Su trayectoria demuestra que la tradición puede renovarse sin perder su raíz.
De la música vernacular a una memoria cultural que sigue viva
La importancia de estas voces no está solamente en la cantidad de discos vendidos o en la fama alcanzada. Su verdadero valor aparece cuando observamos cómo ayudaron a conservar palabras, costumbres, emociones y formas de entender la vida.
También existe una dimensión femenina especialmente importante. Flor Pucarina y Pastorita Huaracina demostraron que las mujeres podían ocupar el centro de la escena, construir personajes artísticos propios y conquistar públicos masivos.
Sus trayectorias rompieron límites sociales de una época en la que una mujer andina enfrentaba múltiples barreras. Cantar públicamente, viajar, grabar discos y conducir espacios culturales significaba también disputar un lugar en la sociedad.
La sociedad civil tiene una tarea clave para proteger este legado musical
La memoria cultural no depende únicamente de instituciones. Familias, coleccionistas, músicos, investigadores, asociaciones, barrios, clubes provinciales y comunidades mantienen vivas canciones que podrían desaparecer si dejan de transmitirse.
Por eso resulta fundamental que la sociedad civil reclame archivos accesibles, recuperación de grabaciones antiguas, preservación audiovisual, investigación académica y espacios permanentes para enseñar música andina a las nuevas generaciones.
Revalorar estas voces también significa reconocer el aporte de millones de ciudadanos que llevaron sus tradiciones a las ciudades. Ellos no fueron espectadores de la historia peruana: ayudaron a construirla desde abajo.
Una película puede abrir la puerta para escuchar nuevamente a los Andes
El documental Flor Pucarina, rebelde hasta los huesos llega en un momento oportuno porque permite que nuevas generaciones descubran a una artista cuya influencia supera ampliamente el ámbito musical.
La película también invita a formular una pregunta sencilla: ¿cuántas otras historias de artistas populares permanecen esperando ser investigadas, documentadas y contadas antes de que desaparezcan sus testimonios y archivos?
Mirar hacia Flor Pucarina y las grandes voces huancas no significa vivir anclados en el pasado. Significa entender que la identidad peruana se construyó con muchas voces y que ninguna debería quedar fuera de nuestra memoria.

Roberto Revoredo Castro Mg UNMSM Periodista Colegiado CPP / Editor / Historiador / Conferencista Internacional Director de SPP / Sociedad Peruana de Prensa
Director TV: Reseñas
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