» La reciente crisis en Juntos por el Perú, con hasta seis diputados evaluando migrar a partidos de derecha como Fuerza Popular y Renovación Popular, expone una fractura profunda. Este transfuguismo no es un acto aislado, sino síntoma de estructuras partidarias débiles y decisiones opacas que traicionan los principios que dicen defender.
¿Dónde quedaron los principios? La falta de convicción de la izquierda
Cuando legisladores que se presentaron como defensores de la justicia social y los derechos de los más vulnerables cruzan la línea hacia fuerzas políticas antagónicas, la ciudadanía tiene derecho a sentirse engañada. Esta falta de coherencia ideológica revela una lealtad condicionada, no a las ideas, sino a intereses personales o de cúpula.
El problema no es solo el cambio de bancada, sino la facilidad con la que se abandona un proyecto colectivo sin rendir cuentas. Esto mina la confianza en toda la política y refuerza la percepción de que los partidos son meros vehículos para la carrera individual, no instrumentos de transformación social.
La sociedad civil, que día a día lucha por una democracia más justa y representativa, ve cómo sus reivindicaciones son pisoteadas por estas prácticas. Su contribución al debate público merece una clase política que respete su voto y sus ideales, no que los negocie en pasillos oscuros.
Democracia interna ausente: el caldo de cultivo del transfuguismo
La raíz de esta inestabilidad está en la falta de democracia interna. Sin elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias, los candidatos no son elegidos por la base militante ni por los simpatizantes, sino impuestos desde arriba. Esto genera listas desalineadas con la voluntad popular.
En la práctica, esto ha derivado en la subasta de cupos parlamentarios, donde el acceso a un escaño depende más del financiamiento o las lealtades personales que del mérito o la conexión con la ciudadanía. Es un sistema opaco que premia la sumisión, no la capacidad de representación.
La eliminación de la obligatoriedad de las PASO en 2023 fue un retroceso monumental. Al permitir que los partidos elijan a sus candidatos a puerta cerrada, se les dio luz verde para operar como feudos privados, alejándose aún más de los ciudadanos que deben servir.
Falta de transparencia: el secreto mejor guardado de la política
La opacidad en la selección de candidatos va de la mano con la falta de transparencia en el financiamiento y la toma de decisiones. Los afiliados y la ciudadanía no saben quién decide, con qué criterios y con qué recursos se construyen las listas electorales.
Esta caja negra fomenta la desconfianza y la desafección. ¿Cómo creer en un partido si no se sabe cómo elige a sus representantes? La transparencia no es un adorno, es la base mínima de legitimidad para cualquier organización que aspira a gobernar.
La sociedad civil ha sido una voz constante exigiendo mayor apertura y control. Sus propuestas para fortalecer la democracia interna han sido ignoradas por una clase política cómoda en su opacidad, priorizando su supervivencia sobre la salud del sistema democrático.
El costo del oportunismo político para la democracia peruana
Cada vez que un legislador cambia de bando por conveniencia, no solo traiciona a sus votantes, sino que debilita la institucionalidad. El Congreso se convierte en un mercado de alianzas efímeras, donde los principios se venden al mejor postor.
Este comportamiento alimenta el cinismo ciudadano y la desesperanza. Si hasta los supuestos defensores de los valores progresistas se pliegan a la lógica del poder por el poder, ¿qué esperanza hay de un cambio real? La fragmentación partidaria se agrava, y con ella, la ingobernabilidad.
La reivindicación de la sociedad civil es clara: se necesita una política con principios firmes, no con banderas cambiantes. Su contribución es vital para exigir que los partidos rindan cuentas y se sometan a reglas claras y democráticas, tanto dentro como fuera del Parlamento.
Hacia partidos sólidos: la ruta para recuperar la confianza
La solución pasa por reconstruir los partidos desde la base. Es urgente reinstaurar y fortalecer mecanismos de democracia interna robustos, como primarias verdaderamente abiertas, donde la ciudadanía tenga un rol activo en la definición de sus representantes.
Además, se requiere una ley de partidos que imponga altos estándares de transparencia en su financiamiento, funcionamiento y selección de candidatos. Las sanciones por transfuguismo deben ser efectivas para disuadir a quienes ven su cargo como un bien personal.
La sociedad civil debe seguir siendo el contrapeso fundamental. Su vigilancia, sus propuestas y su capacidad de movilización son la mejor garantía para que la política vuelva a ser un espacio de servicio, no de enriquecimiento o promoción personal a costa de los principios.
» Francisco Ortega
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