Los que se robaron el futuro ahora buscan reelegirse.-
En medio del actual proceso electoral, el debate público vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda pero inevitable: ¿quiénes están pidiendo nuevamente el voto ciudadano y qué hicieron realmente cuando tuvieron el poder?
La memoria colectiva no puede ser selectiva. Hoy, varios de los actores que buscan mantenerse o regresar a cargos públicos cargan con decisiones que afectaron directamente el sistema educativo. No se trata solo de errores administrativos, sino de políticas que hipotecaron el futuro de miles de estudiantes. Aun así, muchos de ellos pretenden presentarse como opción de continuidad.
El futuro que se robaron el futuro de las nuevas generaciones y ahora quieren administrar otra vez
Durante años, la educación dejó de ser prioridad real. Se aprobaron reformas sin impacto tangible, se postergaron inversiones clave y se permitió que el sistema se degrade progresivamente. Esa inacción no fue neutra: tuvo consecuencias directas en generaciones que hoy enfrentan limitaciones estructurales.
Lo preocupante es que quienes fueron responsables de este deterioro ahora buscan reelegirse, apelando a discursos renovados pero sin una autocrítica clara. La pregunta es inevitable: ¿por qué confiar nuevamente en quienes ya fallaron?
Universidades sin calidad: el negocio que quieren reactivar
El crecimiento desordenado de instituciones de educación superior sin estándares mínimos no fue un accidente, fue una decisión política. La permisividad permitió la proliferación de universidades de baja calidad, donde el lucro primó sobre la formación académica.
Hoy, en plena contienda electoral, algunos candidatos vinculados a ese modelo impulsan nuevamente discursos de “flexibilización” y “ampliación de acceso”, eufemismos que podrían abrir la puerta a un nuevo ciclo de instituciones sin control. La historia reciente demuestra que esas decisiones terminan perjudicando principalmente a los estudiantes.
Sueldos elevados, escuelas olvidadas
Mientras miles de colegios siguen enfrentando carencias básicas, quienes administraron el Estado no dudaron en beneficiarse con incrementos salariales significativos. La desconexión es evidente: por un lado, aulas sin recursos; por otro, funcionarios con privilegios.
En campaña, estos mismos actores prometen eficiencia y mejor gestión. Sin embargo, sus antecedentes muestran una priorización clara: primero ellos, después el sistema educativo.
Educación pública relegada: una deuda que buscan ignorar
La educación pública, especialmente en sectores vulnerables, ha sido una de las grandes olvidadas. La falta de inversión sostenida ha profundizado desigualdades, dejando a millones de estudiantes en condiciones de desventaja frente a quienes pueden acceder a educación privada.
A pesar de ello, quienes impulsaron o permitieron este abandono buscan ahora la reelección, defendiendo modelos que no lograron cerrar brechas. El riesgo es evidente: repetir las mismas políticas esperando resultados distintos.
Brecha digital: promesas frente a privilegios
La pandemia evidenció una realidad que ya existía: la enorme brecha digital. Estudiantes sin acceso a internet, sin dispositivos y sin herramientas para adaptarse a un mundo cada vez más tecnológico.
Sin embargo, la respuesta estatal fue insuficiente. Y mientras esa brecha persiste, se cuestiona el uso de recursos públicos para beneficios individuales de quienes hoy vuelven a pedir el voto. La contradicción es difícil de ignorar.
Trámites, favores y “peajes”: el sistema que no quieren cambiar
Las denuncias sobre cobros indebidos y trabas burocráticas en el sector educativo han sido constantes. Estos “peajes” informales no solo afectan la creación de nuevas instituciones, sino que reflejan un problema más profundo: la captura del sistema por intereses particulares.
Lo alarmante es que algunos de los actores vinculados a estas prácticas buscan seguir en posiciones de poder. En un contexto electoral, esto plantea una interrogante crucial sobre la posibilidad real de reformar el sistema.
La voz de la sociedad civil
Estamos aquí, en la supercarretera de la información, alzando la voz no solo para denunciar, sino para exigir cambios concretos que el país ya no puede seguir postergando:
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- La nivelación del presupuesto nacional:
exigimos que el Ministerio de Educación cuente con un presupuesto equivalente al del Ministerio de Defensa.
No se trata de restar importancia a la seguridad, sino de entender que no hay verdadera defensa nacional sin ciudadanos educados, críticos y preparados.
Durante décadas, la educación ha sido tratada como un gasto y no como una inversión estratégica.
Hoy demandamos un cambio de enfoque: invertir en educación es invertir en estabilidad, desarrollo y futuro.
. - Remuneración digna para docentes:
exigimos que los profesores y docentes perciban ingresos equiparables a los de un congresista.
No es una consigna simbólica, es un acto de justicia.
Quienes forman a las futuras generaciones no pueden seguir sobreviviendo con salarios que no reflejan su responsabilidad ni su impacto social.
La precarización del magisterio ha debilitado la calidad educativa.
Revalorar al docente es recuperar el respeto por la educación y garantizar mejores profesionales para el país.
. - Más inversión en ciencia, tecnología e innovación:
exigimos un incremento sustancial del presupuesto destinado a la investigación, fortaleciendo al Concytec como eje del desarrollo tecnológico nacional.
La brecha digital no se cerrará con discursos, sino con inversión sostenida en conectividad, infraestructura, formación y acceso.
Un país que no apuesta por la ciencia está condenado a depender de otros.
Es momento de dejar de improvisar y comenzar a construir una verdadera política de innovación.
Votar con memoria: la educación como línea roja
El proceso electoral no es solo una competencia de propuestas, sino también un ejercicio de memoria. La educación, como base del desarrollo, no puede seguir siendo rehén de decisiones cortoplacistas ni de intereses particulares.
Quienes hoy buscan reelegirse no parten de cero: tienen un historial que debe ser evaluado con rigor. El futuro de las próximas generaciones depende de ello.
Porque más allá de los discursos de campaña, la verdadera pregunta sigue vigente: ¿se puede confiar nuevamente en quienes ya comprometieron el futuro educativo del país?
- Roberto Revoredo Castro,
Mg UNMSM Periodista Colegiado CPP / Editor / Historiador / Conferencista Internacional
Director de SPP / Sociedad Peruana de Prensa,
spp.perunews.com / revoredo.perunews.com / resenas.perunews.com


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