NE: Un tributo al diario más importante: «Arequipa Al Día» y al desarrollo de la comunicaciones en Arequipa, gestión del patriarca, don Enrique Mendoza Núñez
Recordar la historia de un diario también es recordar a las personas que lo hicieron posible. En Arequipa, hubo una época en que el periodismo impreso tenía una enorme conexión con la ciudad.
Entre esas experiencias ocupa un lugar especial Arequipa Al Día, un periódico que marcó una etapa del periodismo regional y que, junto con sus suplementos, buscó ampliar la mirada del lector arequipeño.
Esta es también la historia de una amistad profesional, de proyectos compartidos y de la memoria de una persona que entendió que un medio debía atreverse a explorar nuevos caminos.

Una etapa especial del periodismo escrito en la ciudad de Arequipa
En 2021 se cumplieron tres décadas desde la aparición del diario Arequipa Al Día, publicación vinculada a la familia Mendoza Núñez y Mendoza del Solar, entre otros propietarios.
Para quienes vivieron aquella etapa desde las redacciones, no hay duda de que fue, junto con El Pueblo, uno de los periódicos más importantes que tuvo la ciudad durante aquellos años.
Su propuesta combinaba información, opinión, cultura y suplementos destinados a públicos diferentes, demostrando que un diario regional podía experimentar sin perder su identidad periodística.
Una mirada abierta para entender al lector y sus intereses
En ese escenario apareció una apuesta que inicialmente pudo parecer poco convencional: incorporar historias sobrenaturales, leyendas, misterios y otros contenidos capaces de despertar la curiosidad.
Algunos integrantes de la plana periodística consideraban que esos temas no correspondían a un diario serio. Sin embargo, aquella visión más rígida no terminó imponiéndose.
La experiencia demostró que el público podía interesarse por contenidos distintos y que el periodismo también podía abrir ventanas hacia la memoria, las tradiciones y la imaginación.

Fantástico y una propuesta editorial que consiguió conquistar lectores
El suplemento Fantástico se convirtió en una de las experiencias más recordadas de aquella etapa. Pablo Nicoli Segura asumió su dirección durante varios años y trabajó para llevarlo a un nivel cada vez mayor.
La propuesta reunió historias sobrenaturales, misterios, leyendas de Arequipa, temas esotéricos y expresiones vinculadas con las artes, construyendo una identidad propia dentro del periódico.
El resultado fue significativo: los miércoles, día en que aparecía el suplemento, llegaron a convertirse en la jornada de mayores ventas de la semana para el diario.
La importancia de confiar en las buenas ideas dentro de una redacción
Detrás de ese resultado existió una decisión fundamental: permitir que una idea diferente pudiera desarrollarse. La apertura editorial hizo posible que Fantástico encontrara su propio público.
El gerente general no se limitaba a observar el proyecto desde una oficina. Conversaba, escuchaba propuestas y sugería temas que podían mejorar el contenido y fortalecer la conexión con los lectores.
Esa actitud recuerda una enseñanza sencilla para quienes estudian comunicación: una buena publicación necesita conocer a su audiencia, pero también debe atreverse a sorprenderla.
Una advertencia sobre el valor de conservar la memoria periodística
Existe una escena particularmente significativa. Cuando el diario comenzó a atravesar dificultades, surgió una pregunta sobre la conservación del material producido para Fantástico.
Parte de los archivos se había eliminado de las computadoras por falta de espacio. Los documentos considerados pesados o secundarios eran borrados, y una porción importante del suplemento se perdió.
La reacción fue contundente: “¡Craso error!”. Detrás de esas palabras había una mirada hacia el futuro y una comprensión muy clara del valor que tiene conservar los contenidos periodísticos.
Los archivos de un periódico también forman parte de la historia
Hoy, en plena era digital, aquella advertencia adquiere todavía mayor importancia. Fotografías, páginas, artículos, suplementos y documentos forman parte de la memoria cultural de una comunidad.
Digitalizar esos materiales permite que nuevas generaciones conozcan cómo pensaba una ciudad, qué temas discutía y qué historias despertaban la imaginación de sus lectores.
Para estudiantes de periodismo, conservar un archivo no significa guardar papeles viejos. Significa proteger información que mañana puede convertirse en patrimonio documental.
Una casona, una redacción y muchos recuerdos de una época
El diario funcionó en una antigua casona del centro histórico de Arequipa, un espacio que terminó formando parte de la propia identidad del periódico y de quienes trabajaron allí.
Aquel ambiente reunía oficinas, libros, conversaciones y proyectos. Para quienes pasaron por su redacción, cada rincón terminó asociado a una etapa de aprendizaje y de intensa actividad periodística.
La casona no fue solamente un lugar de trabajo. Con el paso del tiempo se convirtió en parte de una memoria colectiva relacionada con el periodismo arequipeño.

El recuerdo de un jefe que prefería conversar antes que imponer
Miguel Mendoza del Solar nació en Arequipa el 22 de septiembre de 1963 y falleció en la misma ciudad el 4 de mayo de 2021. Tenía 57 años al momento de su muerte.
Fue hijo de Enrique Mendoza Núñez y estuvo vinculado a la gestión empresarial y periodística. También ejerció como congresista de la República durante el periodo parlamentario 2000-2001.
Para quienes trabajaron junto a él, sin embargo, los cargos y títulos no explican completamente su recuerdo. Lo que permanece es la imagen de un jefe cercano, dispuesto a escuchar.
Una relación profesional que terminó convirtiéndose en amistad
La relación con sus colaboradores podía desarrollarse desde la conversación cotidiana. Las ideas eran discutidas directamente y los proyectos podían crecer a partir de esas conversaciones.
Esa forma de trabajar generaba confianza. Para un periodista, saber que puede plantear una idea y encontrar disposición para escucharla representa una oportunidad enorme para desarrollar creatividad.
Por eso, al recordar aquella etapa, la figura del jefe termina mezclándose con la del amigo, especialmente cuando el paso del tiempo convierte las experiencias laborales en recuerdos entrañables.
Cuando la pérdida transforma los recuerdos en parte del legado
Después de tantos años, el recuerdo de aquella sonrisa permanece asociado a encuentros anteriores y a los días compartidos en la redacción, donde escribir y conversar formaban parte de la rutina.
La noticia de su fallecimiento produjo un dolor profundo. No solamente desaparecía un empresario o antiguo congresista, sino también una persona vinculada a una etapa importante de una trayectoria profesional.
La tristeza fue mayor porque todavía quedaban proyectos, ideas y caminos por recorrer. Cuando una persona parte demasiado pronto, queda siempre la sensación de todo aquello que pudo haber realizado.
La sociedad civil también construye la memoria de una ciudad
La historia de un medio regional no pertenece únicamente a sus propietarios o periodistas. También pertenece a sus lectores, colaboradores, anunciantes, instituciones y ciudadanos que participaron de aquella experiencia.
La sociedad civil aporta memoria, críticas, reivindicaciones, testimonios y propuestas. Gracias a esa participación, la historia de una ciudad puede conservar voces que de otro modo quedarían fuera de los registros oficiales.
Por eso, recuperar periódicos, suplementos y testimonios antiguos es también reconocer la contribución de ciudadanos que, desde diferentes espacios, ayudaron a construir la identidad cultural de Arequipa.
Conservar la memoria es abrir caminos para las nuevas generaciones
La historia de Fantástico deja una enseñanza especialmente útil para los jóvenes: una idea considerada extraña puede convertirse en una propuesta exitosa cuando existe trabajo, creatividad y confianza.
También enseña que los archivos importan. Aquellos documentos que ayer parecían innecesarios pueden convertirse mañana en piezas fundamentales para reconstruir una época.
Y enseña, finalmente, que el periodismo no se limita a informar. También conserva historias, conecta generaciones y ayuda a una comunidad a comprender de dónde viene.
Un homenaje que mantiene viva una página del periodismo arequipeño
Al recordar aquellos años, aparecen nuevamente las oficinas, los libros, las conversaciones y la ilusión de construir algo diferente. Son imágenes que el tiempo no consigue borrar.
También permanece la satisfacción de haber participado en una experiencia que permitió que un suplemento distinto encontrara lectores y demostrara que la innovación tenía espacio en la prensa regional.
Recordar a quienes hicieron posible esa historia es una forma de agradecer. Y conservar sus contenidos permite que estudiantes y ciudadanos descubran mañana una parte de la Arequipa que todavía tiene mucho que contar.
La memoria de un periódico sobrevive cuando sus historias vuelven a circular. En ese sentido, recuperar esta experiencia no significa mirar únicamente al pasado: significa abrir caminos hacia el futuro.
Porque detrás de cada página hubo personas, sueños, discusiones, errores, aciertos y amistades. Y, sobre todo, hubo una convicción: que vale la pena ser felices haciendo aquello que realmente nos apasiona.
Por: Pablo Nicoli Segura
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